¡Me robaron!... Ningún lugar es seguro

Muy probablemente su reacción inmediata sea similar a la que tuve cuando leí esas dos palabras en el apartado de “asunto” en un correo electrónico que recibí hace ya varios días.

“Ayer en la noche me robaron mi celu, con unas gotas creo; ahora voy a la policía, todavía estoy muy mareado, entonces no puedo comunicarme”, continuó el breve mensaje.

Simple y sencillamente no daba crédito en ese momento y luego, tras la relatoría de los hechos, sigo sin dar crédito a lo sucedido por muy diversas razones, una de ellas, que todo sucedió en la zona centro de una de las ciudades turísticas “más seguras” de México, Mérida, Yucatán.

La otra lamentable y aterradora razón es la ineficiencia, inoperancia, indolencia y burocracia de las instancias a cargo de salvaguardar la seguridad de los turistas y ciudadanos, que lejos, muy lejos de resolver, no sólo expusieron a la persona afectada, sino que no hicieron nada, pero nada para proceder.

No importó nada, ni que se tratara de un turista que decidió pasar varios días en “La blanca Mérida”, justo por ser un lugar “seguro” para vacacionar; que fuera un extranjero de los mercados que tanto busca el destino para que vengan al estado y que, cumplió con su obligación de denunciar el hecho, con la burocracia, papeleo, pérdida de tiempo y esfuerzo que significó.

Justo es relatar el modus operandi para evitar que esto se repita (en los días subsecuentes ya eran tres las personas que denunciaron casos similares), y es además la razón por la que no puedo voltear hacia otro lado y omitir el hecho, sería tanto como ser cómplice de esa indolencia que tanto me disgusta.

Los turistas nacionales y extranjeros, bajan la guardia y se relajan en los sitios en los que se sienten seguros, justo es lo que aprovecha el delincuente o delincuentes para actuar.

Interceptan a los turistas en pleno centro de la ciudad. Éste individuo en particular era “muy buena onda”, amigable, confiable, agradable, nativo y justo es lo que aprovechan para enganchar.

Invitan a sus “nuevos amigos” (nacionales o extranjeros) a tomar algo, en bares del pleno centro de la ciudad, en este caso fue en uno en la calle 59. Dedujimos que el individuo vertió algo en la bebida de la persona en cuestión, justo en el momento en que fue al baño y justo cuando ya el visitante se iba a retirar.

El individuo aprovechó, en este caso en particular, para robar el celular y el dinero que traía el turista en la cartera, aunque no su identificación. Lo que siguió es igual de increíble, e indignante, primero por todo lo que implica para una persona de visita en un país que no es el suyo y, sobre todo, la revictimización por parte de quienes se supone debieron auxiliar y resolver. Había demasiados elementos para hacerlo y simplemente, no hicieron nada.


(Foto: Touristik-mx)


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